martes, septiembre 06, 2005

Reflexiones perdidas II

No me gusta pensar mucho. No lo hago con demasiada frecuencia tampoco. Realmente no me interesa demasiado. Vivir el momento, de forma lineal, sin pararse a recordar, sin pararse a pensar en las reacciones de los demás. Sin parase a pensar en los porqués, o en cuanto durarán las cosas a tu alrededor. Ocupar la mente de tareas sencillas y agradables, que mi organismo de ser humano pueda acatar y realizar fácilmente, sin pensar. Nunca he tenido mente de genio y dudo que la tenga algún día. Pero, pese a que pueda sonar creído, creo que mi mente tiene momentos de lucidez, que me hacen sentir orgullosa. No me considero supeior a los demás, ni mucho menos. No es esa la impresión que quiero dar. Aunque tras escribir esta frase mi propia mente me ha soltado <<¿Y a ti que te importan las impresiones de los demás?>>. Nunca llegaré a descifrar de dónde demonios provienen esas frases que parecen dichas por otros, pero que sabes que son tuyas. A lo mejor tengo algún desbarajuste mental y por eso tengo y digo reacciones o comentarios que ni en sueños pienso que podría realizar. No lo sé y... tampoco he pensado mucho sobre ello, como cabría esperar. Volviendo al tema principal, en esos momentos de inteligencia que descarga tan poco a menudo mi cerebro me siento libre de verdad, cuando pienso que, aunque sea durante un período muy pequeño, soy capaz de sintetizar y separar las cosas, quizás de una manera un tanto fría, no lo descarto, pero que me hacen comprenderlas mejor.
Soy de esas personas que creen que el ser humano no es libre y nunca lo será. Siempre tiene que haber algo, por pequeño que sea, que nos ata, de una manera u otra. Quizá esté equivocada, pero nada de lo que he visto y escuchado ha podido rebatirme esa teoría. Por eso me siento tan orgullosa, tan pedante tal vez, cuando creo que mi mente ha sido capaz de, por lo menos, sacar por un tiempo el cuerpo de esta jaula, que no es otra cosa que la propia existencia.
Me acuerdo de hace unos años, no sabría precisar cuantos, pero como mucho seis o siete... Tal vez más, no lo sé y tampoco tiene demasiada importancia. Me acuerdo de que, sentada en la ventana de mi sala, mi lugar preferido de casa de mis abuelos, miraba a la gente. Observaba como se movian, como hablaban, como se comportaban. Aquello era más entretenido que ver la tele, que leer o dibujar. Miraba a las personas, pensaba en qué tipo de vida podría tener cada una de ellas. En los problemas que entristecerían sus corazones. En las alegrías que podían mover su cara en tiernas sonrisas, o en felices carcajadas. Así podía pasarme horas, contemplando tras los cristales a la gente. En ese momento no me daba cuenta, pero ahora sé que los observaba como a animales de zoo.
Por aquel entonces era más tonta que ahora y no tenía ningún amigo que pudiese llevar el titulo como tal. Supongo que...me sentía sola. Creo que fue entonces cuando intenté usar parte de esta capacidad que me hace sentir tan poco modesta. Supongo que pensaba que...Si no podía unirme a la masa (ya ni siquiera recuerdo los motivos...quizá mi carácter) podría observarla. A ella y a sus reacciones. En aquel entonces pensaba mucho. Tal vez demasiado para una cría de diez años. No sé exactamente cuando empezé a cambiar. Quiero creer que a madurar. No lo recuerdo, y tampoco me interesa mucho. Fué una etapa, como muchas que tendré a lo largo de la vida (si no muero atropellada mañana por ejemplo, vamos xD). De todas formas, hay algo que hecho de menos de esa etapa... Aquel sentimiento de soledad real. Me explico. Aquello era real, porque no tenía a nadie que pudiese compartir mis alegrías y mis penas. Ahora, que tengo todo lo que quiero y más... Hay veces en los que me sigo sintiendo dola, aunque esté en medio de la gente. Aunque esté en medio de mi gente. Es un tanto egoista y podría parecer que en esos momentos finjo el estar bien. No es justo para esas personas, pero no puedo cambiarlo.
Realmente, esto no lo había compartido con nadie antes. Ni siquiera sé porqué lo escribo aquí, dónde lo leerán muchas personas. El caso es... que tampoco pienso en eso. Pero quiero que quede constancia, para poder releerlo más tarde. Después de todo, escribir (al menos para mí) es como hablarse a uno mismo. Quizá me sirva para poner en funcionamiento esa habilidad de la que me he jactado tanto, quizá me sirva para analizarme a mi misma, para poder comprenserme. o, por qué no, para que los demás puedan comprenderme,un tanto por lo menos. Aunque no sé si eso me interesa o no. No lo he pensado.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Con este tipo de reflexiones nos das la oportunidad de conocerte mejor y eso es bueno, gracias ^^

4:51 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

http://magoelener.blogspot.com/2005/05/el-hombre-que-no-tena-nada.html

Es un post mío antiguo, creo que es lo único que puedo contestar al tuyo.

El Mago:*

12:18 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Me gusta k sirva de algo, gracias titxu^^

Y Elener, no sé xk, pero me ha dejado una sensación rara en el estomago... No sabría definirla, aunk me ha gustado

11:48 a. m.  

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